Cuando Elara tenía once años, su abuela dejó un cuaderno en blanco junto a la mesa. En la primera página no había significados de cartas, sino una única petición: recuerda lo que dijo la visita y recuerda también qué sigue sin saberse. Desde entonces, cada lectura empezó con esa sencilla regla.
Ya adulta, Elara estudió Historia del Arte y participó en proyectos de archivos de museos en distintas ciudades. Hoy trabaja como investigadora independiente de procedencia, reconstruyendo el movimiento de las obras mediante catálogos, cartas, fotografías y registros de compraventa. Un juicio equivocado a los veintiocho años la devolvió al viejo cuaderno: la intuición podía señalar dónde buscar, pero no convertir una posibilidad sin comprobar en el desenlace de otra persona.
