La necrológica original no contenía ninguna mentira evidente. Ese era precisamente el problema: cada conflicto había sido pulido, cada responsable había desaparecido de la frase y solo quedaba una vida que todos podían aceptar, pero que nadie había vivido de verdad. Inés había llamado a eso contención. Lucía solo le hizo una pregunta: ¿a quién estás protegiendo exactamente?
Años después, el periódico publicó por primera vez una rectificación completa firmada por una editora. Inés no abandonó aquella oficina ni convirtió su permanencia en una historia heroica. Su manuscrito, Las correcciones no son notas al pie, sigue detenido en el capítulo más difícil: cómo admitir un error sin transformar la admisión en otra representación sobre uno mismo.
